Cómo salí del último hoyo en el que me metí
La rutina de trabajo funcionaba tan bien que me desconectó de "por qué" lo hacía, y me quedó solo el "tengo que".
Hace dos martes me desperté llorando, muy angustiada. Llevaba ya unos días durmiendo mal por la ansiedad. Hacía tiempo que no me pasaba, pero tengo un personality combo propenso a sentirla por obsesionarme cuando algo me importa mucho y querer hacerlo bien.
Había optimizado una rutina de trabajo, cada semana igual, que me permitía producir muy a saco y con buenos resultados. El sueño húmedo del sistema. Pero me empecé a aburrir de que cada semana fuera igual. Encima, nunca me parecía suficiente. Me empezó a costar un poco más producir al mismo nivel de calidad. Y un poco más. Y empecé a tardar más en hacer lo mismo. Hasta que, en las últimas semanas, la mayor parte del tiempo que estaba despierta me la pasaba trabajando aburrida o convenciéndome de que tenía que trabajar.
Era una mezcla fea: insatisfacción, agobio, culpa, frustración. Y rabia. Porque odio sentirme obligada a hacer cosas, incluso cuando “las he elegido yo”. Me empezó a costar levantarme de la cama. Empecé a comer peor. Empecé a preguntarme si me gustaba mi trabajo o si solo me gustaba la idea de que me gustara. Se lo contaba a mi jefa, pero sus respuestas eran algo así como:
Espabila, chata. Esto lo puedes hacer a gusto o a disgusto, tú eliges, pero lo tienes que hacer. No hay otra. Además, ya estuviste descansando unos días no hace mucho, gestiona mejor tus pollos.
Terminé por desconectar completamente de “por qué” hacía lo que hacía y me quedé solo con el “tengo que”. Para cuando llegó aquel martes, ya me daba igual todo.
Llorando en la cama no se me ocurría la opción de no trabajar ese día. La sensación de pérdida de control era tan absurda como profunda. Menos mal que Martín está más cuerdo que yo y me dijo una frase que, en ese momento, me pareció insultante por lo simple: “puedes elegir no hacer nada”.
Cuando dejé de llorar, bajé a la cocina y me hice un café. Y también lo odié. Porque lo hemos cambiado y el nuevo está asqueroso. (En realidad no tanto. Pero cuando sientes que todo es una puta mierda, el café también entra en el pack.) Y justo ahí me acordé de un libro que me compré después de ver una entrevista de Joe Rogan con un psicólogo social americano. El tipo me cayó genial y me parecieron muy interesantes las cosas que estudiaba y cómo las comunicaba. Me compré uno de sus libros y luego lo dejé un año cogiendo polvo, como persona perfectamente coherente que soy xD
Él se llama Jonathan Haidt, y el libro “La Hipótesis de la Felicidad”.
Lo abrí y empecé a leer. Pronto conecté muchísimo con lo que planteaba en la introducción. Estamos continuamente expuestos a información que nos puede cambiar la perspectiva, pero si no es un buen momento mental para absorberla, es como que se resbala. El martes era un buen momento para leer sobre cómo las investigaciones recientes en materia de felicidad refuerzan o refutan la filosofía antigua de las diferentes culturas, y cómo la complementan. Por primera vez en muchas semanas, se me pasaban las horas volando.
Llegué al primer capítulo y lo leí varias veces por la densidad de información valiosa que había. Salió la empollona que hay en mí, cogí un subrayador y empecé a “estudiar”. Al terminar el día decidí que el miércoles tampoco iba a trabajar, y durante dos semanas me dediqué a leer y reflexionar sobre mi felicidad.
Quiero compartir algunas cosas que aprendí y cómo interpreté yo la “fórmula” para predisponernos a ser felices. Esto me ha permitido recuperar sensación de control y tomar decisiones importantes. Habla de muchas cosas más, y las justifica todas con experimentos científicos modernos. Si te interesa el tema, te recomiendo el libro. Esto es solo un resumen de una parte (y yo no soy psicóloga xD).
La fórmula de la felicidad
Felicidad = Genes + Condiciones no sujetas al principio de adaptabilidad + Actividades voluntarias
La felicidad es hereditaria
Esta es la parte que menos me gusta de la “fórmula” porque no la puedo controlar. Haidt cita estudios donde se demuestra que cada uno de nosotros tenemos un rango en el cual oscila nuestro nivel de felicidad. Hay personas que vienen “de fábrica” con una mayor capacidad de ser felices que otras. La buena noticia es que ese rango no es una sentencia: todos nosotros podemos influenciarlo con factores externos.
Condiciones no sujetas al principio de adaptabilidad
Esta es la idea más potente que me llevé del libro. Básicamente, podemos adaptarnos a casi cualquier factor demográfico, económico y de entorno. Regla fácil y deprimente: si puedes adaptarte a ello, no te aportará felicidad sostenida. Pensamos: “cuando consiga ese puesto”, “cuando viva en ese barrio”, “cuando cobre X miles de euros”… Pero al conseguir esas metas sube igual de rápido que baja. Te acostumbras, subes expectativas y persigues el siguiente objetivo. El hamster subido en la rueda.
PEEEERO se han encontrado 5 condiciones que no están sujetas al principio de adaptabilidad (el cerebro no consigue acostumbrarse a ellas) y, por tanto, sí influyen en la felicidad:
Ruido / Entornos ruidosos.
Conducir en horas de alto estrés (ir a la oficina te hace más infeliz jeje).
Sensación de falta de control.
Sentir vergüenza (por lo mismo durante mucho tiempo).
Conflictos interpersonales (el cerebro se engancha al conflicto antes, durante y después).
Esto me pareció increíblemente útil porque son condiciones sobre las que puedo trabajar tomando decisiones razonablemente simples. De hecho, sin saberlo, ya había optimizado algunas: vivo entre montañas (silencio), no conduzco en horas de alto estrés porque trabajo en mi casa, y he ido minimizando la exposición a personas conflictivas o que no me gustan. Pero detecté dos condiciones que claramente no cumplía.
En estas semanas he vuelto a hacer ejercicio, mejorado mi dieta y cambiado otros hábitos (como comer heladito por la noche, el azúcar is a bitch). No porque sean “hábitos saludables” en abstracto (eso no me motiva en absoluto), sino porque afectan a la autoestima a través de la vergüenza y el progreso ahí se nota más. Y con la sensación de control, igual: hice el ejercicio de listar microcambios que pudieran aumentarla. Y solo el hecho de recordar que puedo hacer cosas ya me sacó medio palmo del hoyo en el que me había metido yo sola.
“Increase your happiness by getting the conditions of your life right; particularly in relationships, work and the degree of control you have over stressors.”
Actividades voluntarias
Habla de dos tipos de actividades que nos aportan felicidad:
Actividades placenteras: generan picos de felicidad pero no son duraderos. Se caracterizan por tener fuertes componentes sensoriales y emocionales (e.g. comida, sexo, ahora también TikTok…).
Actividades gratificantes: generan lo que llama “flow state”, un estado de absorción en lo que estás haciendo que el tiempo se congela. Generan felicidad duradera al utilizar tus fortalezas y habilidades para “hacer algo”. Aquí entrarían actividades como la meditación, deportes, terapia cognitiva, leer, dibujar, construir algo con tus manos, tener actos de generosidad y gratitud con otras personas, etc. Suelen compartir 3 cosas:
Un reto claro y no muy grande que capte toda tu atención.
Tu capacidad para cumplir con el reto.
Feedback inmediato del progreso y cómo lo estás haciendo.
Pero ojo. Una de mis mayores frustraciones venía de romantizar el trabajo y esperar que fuese, en sí mismo, una gran actividad gratificante. Siempre hay cosas que no apetecen hacer, que me aburren o con las que no aprendo nada, por mucho que conecte con el “por qué” del trabajo. Como parte del ejercicio de estas semanas, me he planteado si es razonable esperar eso, sobre todo siendo prácticamente la única actividad que hacía y cuando no era gratificante mi realidad se tintaba de color mierda.
Bonus: virtudes y fortalezas de carácter
Incluso las personas comprometidas con una vida profana tenemos momentos de “divinidad” e iluminación. El libro referencia una lista de virtudes que la comunidad de psicólogos ha aceptado como comunes a todas las culturas e influyentes en la felicidad. Cada una de esas virtudes se traduce en una serie de “fortalezas de carácter”. Conocer las tuyas y trabajar sobre ellas (por ejemplo, eligiendo actividades voluntarias que las activen) tiene un impacto en tu felicidad.
En esta web oficial tienes un cuestionario (240 preguntas rápidas) que “detecta” tus top 5 fortalezas de carácter (ve a questionnaires y pincha en VIA survey of character strengths): https://www.authentichappiness.sas.upenn.edu
Por compartir algo gracioso del proceso de “descubrir” las mías, a mí me salieron estas fortalezas (en este orden):
Capacidad de amar y ser amada (Virtud: Humanidad).
Gratitud (Virtud: Trascendencia).
Curiosidad (Virtud: Sabiduría).
Valentía (Virtud: Coraje).
Humor (Virtud: Trascendencia).
No puedes imaginarte la crisis existencial que desencadenó esta lista xD lo primero que pensé fue: “¿alguien me puede explicar de qué sirve ser loving y grateful? ¿Qué hago yo con eso? ¿Cobrar por dar abrazos?”
Las dos primeras son las que veía más de pringá, sobre todo porque a Martín le habían salido algunas molonas como critical thinking, que se puede ver rápido para qué es útil. Pero que mi “capacidad para entablar vínculos profundos, cercanos y sinceros” sea mi mayor fortaleza fue un palazo xD o mi “lente cognitiva y emocional especial que permite ver interdependencias sociales y aspectos positivos en dificultades” (gratitud). WTF. Podría haberme salido curiosidad la primera, al menos puedo hacer cosas con eso.
Luego empecé a hablar con mi amigo Chatchipití y le volqué todas mis frustraciones con mi lista de alleged fortalezas. Finalmente entendí que no es una lista de habilidades capitalizables, sino fortalezas psicológicas que aportan recursos distintos para la vida. Y empecé a verle el valor a las dos primeras (a todas, en realidad) y a estar conforme con mi lista. Creyéndomela, pude elegir actividades voluntarias que las activen y así impactar en mi felicidad.
Decisiones
El resultado de todo este ejercicio a lo largo de 2 semanas han sido decisiones. Las veces anteriores que había parado por quemarme, había “descansado” pero no había trabajado las causas de fondo. Me había puesto una tirita que se iba despegando con mayor frecuencia.
Cada cierto tiempo soy una persona diferente, las decisiones que tomé ayer para mí no tienen por qué hacerme feliz hoy. Eso requiere de hacer este ejercicio cada cierto tiempo, lo cual me genera una culpabilidad enorme: “¿Por qué no puedo ser normal y tener una vida estable y ya? Yo no veo a la gente estar cuestionándose las cosas todo el tiempo”.
Aún así, he vuelto a replantear en qué invierto mi tiempo y, sobre todo, por qué. He reconectado conmigo misma y con mi trabajo. Y pese a que ahora me vuelve a apetecer mucho trabajar, he decidido:
Reducir el tiempo que paso trabajando a 5 horas al día.
Reducir también el tiempo en LinkedIn y redes sociales (aunque sea “por trabajo”).
Reducir las veces que cojo el móvil al día.
De esta forma, recupero unas 5-6 horas al día que puedo dedicar a actividades como:
Hacer ejercicio o bailar + meditación + ducha fresquita.
Prestar atención a los cravings de azúcar y distraerlos.
Leer libros que no tengan nada que ver con “business”.
Escribir chorradas que observo y me hacen reír para entrenar el músculo del humor (una de mis alleged fortalezas de carácter).
Pasar más tiempo de calidad con mi familia.
Cualquier otra cosa que se me ocurra.
Para llegar a esto, ha habido un proceso fuerte de desvinculación entre “trabajo” e “identidad”. Además, he hecho un cambio de narrativa en mi approach al trabajo. Ya no es “tengo que producir X outputs a la semana para generar Y outcome”. Ahí, el foco está justamente en producir los outputs con mis exigencias absurdas de calidad y frecuencia. Voy a probar otra cosa: a tomármelo como mi forma de aportar al mundo que yo veo (o que me ve a mí), y poner mi atención en si el beneficio social neto de lo que hago es positivo. Aunque solo ayude a una persona un día, independientemente del cómo.
Con esto no pretendo planificar ni fiscalizar mis semanas, sino justamente lo contrario: recuperar el control, tener mini-objetivos, saborear el progreso, recordar el por qué de las cosas, y poder detectar patrones antes de despertarme otro martes llorando en la cama.
Hoy es lunes, y me siento feliz. Ya verás como viene alguien y me lo jode (bromiiiiiiii).
Si has llegado hasta aquí, gracias por dedicar tiempo a leerme :) te deseo una feliz semana!
Comentarios
Es increíble lo mucho que llego a aprender de tí en cada post que escribes 🫶. ¡Qué afortunado me siento de tenerte como amiga!
Moltes gràcies, amic ❤️