Vivo al lado de una sierra valenciana y estos días está haciendo muchísimo viento. Cuando salgo a caminar con las perras me ensordece, como si estuviéramos en una pecera. A veces me pregunto cómo lo escucharán ellas, con ese oído tan fino que tienen, pero no parece importarles. De hecho, juraría que les gusta. Es como si el viento les trajese los olores directos a la nariz y se les apagaran los oídos. Igual por eso no me hacen ni caso.
Al llegar a casa siento alivio: por fin silencio.
¡Silencio, dice! JAJA, qué pringá. En cuanto terminamos el ritual de limpieza + juego, aparece otra vez el ruido. Pero, esta vez, el viento está dentro de mi cabeza.
Hace poco escribí en la newsletter de Javi Platón sobre mi decisión de cambiar un avión por un velero. Lo que no contaba ahí es que en alta mar no hay un minuto de silencio.
Cuando Martín y yo empezamos CandyCV, teníamos clarísimo que queríamos bootstrappearlo. La vida que queremos tener es incompatible con deudas, rendir cuentas a gente, y cualquier otra cosa que nos reste libertad. Aspiramos a ser una two-person army. Pero queremos merecernos esa independencia a base de hacer las cosas bien.
Ese marco fue el filtro por el que fuimos descartando ideas hasta llegar al mercado del empleo. Un océano rojo lleno de productos establecidos y de algunos nuevos con VCs detrás. Y desde fuera se ve como un mercado fácil:
“Total, si todo el mundo busca trabajo, ¿no? Ese es el TAM!!!”
Pero si te metes de verdad, lo que ves no es fácil: vulnerabilidad y humo. Y ves lo poco en serio que se toman la mayoría de estos productos el problema que dicen resolver. Eso, y la compatibilidad con nuestro estilo de vida, fue lo que nos hizo entrar.
Al principio yo me imaginaba el velero navegando al sol, mar en calma, pajaritos piando alrededor, delfines subiendo a saludar mientras suena John Coltrane de fondo.
JAJA. Qué pringá.
Para empezar, yo no es que sea una persona particularmente tranquila. Mi amigo Josep Jaume me dijo una vez que él me asociaba a un huracán. No sé en qué momento pensé que era razonable esperar calma en mi cabeza xD Y más cuando decidí pasarme el juego en modo difícil.
He visto muchas veces cómo tener mucho dinero al principio puede convertirse en la peor condena de una empresa (que quiera ser rentable).
“UY! Hemos contratado a más gente de la que realmente necesitamos”.
“UY! Desde el principio metí pasta en Google Ads para adquirir negocio rápido y ahora dependo de eso porque nunca trabajé canales orgánicos”.
“UY! Firmé contratos tochos y ahora tengo que hacer un producto para ellos jeje fuck my roadmap”.
“UY! No quería internacionalizarme, pero me dicen por el pinganillo que, o lo hago ya, o no hay pasta. Y necesito la pasta para pagar la sobredimensión, los anuncios de Google y el roadmap sorpresa”.
UY! Ahora tengo los mismos problemas pero en N países más jeje fuck my life.
Conociendo esos vientos prefería descubrir mis propias tormentas. Empezar sin dinero. Sin intención de contratar gente. Además, me crié con mi abuela y ella solo saca un euro del bolsillo cuando tiene, como mínimo, dos.
Pero eso no me libra de mis UYs. Los míos, siendo Martín y yo solos, y yo encargándome especialmente de la distribución, suenan más a:
“UY! Tengo que aprender SEO técnico y de contenido y, como no pago herramientas, soy literalmente yo misma con mi mecanisma, buscándome la vida, experimentando y esperando meses para tener feedback”. [ANSIEDAD]
“UY! No quiero pagar por linkbuilding así que me toca hacer outbound sales para conseguir enlaces relevantes”. [IMPACIENCIA]
“UY! Con la pereza que me dan las redes sociales tengo que abrir cuenta every-fucking-where. A ver si nadie se da cuenta de que tengo los dientes de abajo torcidos. OJALÁ NADIE SE FIJE EN MI CARA”. [MIEDO AL RECHAZO]
“UY! Tengo que aprender a comunicar conceptos complejos en 60 segundos, hablar a la cámara y editar yo sola los putos vídeos”. [INCOMODIDAD]
“UY! Me cago en la leche, por qué cuesta tanto que LinkedIn mueva mi contenido si me lo curro mazo?!?!?! Vale que no pongo selfies en el ascensor, ni me subo a sensacionalismos, ni polarizo… pero joder, que es bueno!”. [FRUSTRACIÓN]
“UY! Tengo que diseñar y yo no soy diseñadora. Ohdiosmío todo el mundo se va a dar cuenta y se va a reír de mí”. [SÍNDROME DE IMPOSTOR]
La lista es infinita y lo peor no son los UYs. Lo peor es el subtexto: sentir que lo hago mal, que no aprendo lo suficientemente rápido, que el resultado nunca es suficientemente bueno. Para todo podríamos contratar a alguien que lo hiciera mejor que yo. Y por eso, para una persona autoexigente hasta límites estúpidos, era absolutamente delulu esperar que en mi cabeza no hubiese viento. Si continuamente estoy SOPLÁNDOME PA’DENTRO.
A pesar de que, en la práctica, 10 meses después de lanzar CandyCV ya entran 4000 personas a la semana.
Así que sí: la metáfora del avión y el velero quedaba muy bonita, pero era una verdad a medias. En alta mar se nota más el viento. Cuando vuelvo a casa y cierro la puerta después del paseo, el viento fuera sigue igual. Y el de dentro también. La única diferencia es que, poco a poco, empiezo a distinguir qué es clima y qué soy yo, y navego con él.
Iré contando mi viaje como emprendedora (entre otras cosas).
